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LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS |
| Y LA VISITA DE LOS PATRIARCAS P. AGRIPINO CABEZON, OFM La Sukká o Tienda de los Tabernáculos, recuerda el habitáculo de los hijos de Israel después de la salida de Egipto durante su peregrinación por el desierto hasta que llegaron a la tierra prometida. Según la tradición rabínica las Sukkot (plural de Sukká) eran siete nubes que rodeaban a los hijos de Israel. Los cabalistas del siglo XVI vieron en estas nubes el símbolo de las "siete esferas" que son las siete etapas en las que Dios se reveló al mundo. Mientras dura la Fiesta de los Tabernáculos, es decir, durante el tiempo de estancia en la tienda, ésta es visitada espiritualmente por representantes de las "siete esferas", los ilustres antepasados: Abrahán, Isaac, Jacob, José, Moisés, Arón y David. A éstos se les llama "Ushpizin", huéspedes. Ellos son los padres de la nación judía y fueron el instrumento para informar al mundo sobre Dios, construyendo el Tabernáculo y preparando las bases para la construcción del Templo en Jerusalén. Y éstos serán también quienes acompañarán al Mesías cuando venga a redimir al pueblo judío. Para celebrar el Nuevo Año Judío de 5758, el Servicio Filatélico de Israel, puso en circulación una serie de 3 sellos el 23-9-97, cuyo tema son los tres primeros Patriarcas y el formato de 27,7 por 40 mm. El dibujante es E. Lorentson y el sistema de impresión, offset. En cada valor aparece el nombre del respectivo Patriarca en la parte superior, en hebreo y en la inferior, en árabe e inglés. Debajo está la inscripción hebrea que reza: "Celebremos las Fiestas 5758". En todas las bandeletas hay una inscripción dentro de un recuadro que dice en hebreo "Los Patriarcas Visitantes. Sukkot" y lo mismo tenemos debajo en inglés. Las pinturas de los siete Visitantes de la Sukká, obra de un artista desconocido, decoraban la tienda del rabino Loew Immanuel de Szged, Hungría (1854-1944) y ahora se conservan en el Museo de Israel de Jerusalén. El valor de 1,10 shekels representa a ABRAHÁN entre una tienda a la derecha y un árbol, a la izquierda. En Gén 21,33 leemos: "Abrahán plantó en Berseba un tamarisco e invocó allí al Señor Dios Eterno". Cuando Dios dijo a Abrahán: "Sal de tu tierra"... (Gén 12,1) abandonaba, según la concepción de su tiempo, también a los dioses de su país y de sus antepasados. En todos aquellos lugares en que Dios se revela, allí donde experimentan su presencia y guía, surgen lugares santos, plantan árboles sagrados (Gén 21,33) erigen piedras sobre las que vierten aceite (28,18) y construyen altares sobre los cuales ofrecen sacrificios. El ejemplar de 1,70 shekels, recuerda a ISAAC. Su nombre lo vemos arriba en hebreo y debajo en árabe e inglés. Es el hijo de Abrahán y Sara, engendrado en edad avanzada. La imagen nos presenta un escena muy patética: Abrahán con el cuchillo en la mano, preparado para inmolar a la víctima, su hijo Isaac que está echado ya sobre el altar y la leña. Abrahán fue puesto a prueba por Dios cuando le mandó sacrificar a Isaac en el monte Moria. En el cap. 22 del Génesis se nos narra con detalles toda esta escena. Este relato, que en principio invitaba a suprimir los sacrificios humanos, se ha convertido en el mejor ejemplo de la fe de Abrahán. Lo que Dios le pide es algo tremendo. Si en su vocación enterró el pasado, ahora debe renunciar a su porvenir. Abrahán se ve ante un dilema: o las promesas de Dios o el Dios de las promesas. Su fe ejemplar se apoya sólo en la palabra de un Dios que un día le dio un hijo y otro día estuvo a punto de quitárselo. El efecto de 2 shekels está dedicado a JACOB, como podemos ver en la parte superior y en la inferior en las lenguas acostumbradas. Es el hijo de Isaac y Rebeca nacido gemelo de su hermano Esaú. Se apropió, con engaño, de la bendición destinada para Esaú y huyó a Jarán, por miedo a su vida. Dejando Berseba por Jarán, solo y sin dinero, dormía con una piedra bajo su cabeza. En sueños vio una escalera que desde la tierra llegaba al cielo y que los ángeles bajaban y subían, como nos narra el cap. 28 del Génesis y como podemos ver en el maravilloso dibujo del sello. Dios le prometió velar por él y estar a su lado y protegerlo en su camino y darle la tierra de Canán para sus descendientes. Al final de este sueño la Biblia dice que Jacob exclamó: "Ciertamente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía". En un sueño Dios le hace promesas sobre su futuro y sobre su presente. Jacob por su parte se compromete a hacer de Betel un santuario y sella ese compromiso con un gesto simbólico: levanta la piedra y la unge con aceite para dedicarla al Dios de Israel. © copyright 1999 |
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Created / Updated Friday, January 15, 1999 at 01:35:58 by John Abela ofm for the Maltese Province and the Custody of the Holy Land This page is best viewed with Netscape at 640x480x67Hz - Space by courtesy of Christus Rex |