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SEFORIS, LA PATRIA DE STA. ANA |
| P. Julián Herrojo - Santo Sepulcro
En el año 55 a.C. Aulo Gabinio, gobernador de Siria, el fiel partidario de Pompeyo, el mismo que desterró de Roma a Cicerón, estableció en Séforis uno de los cinco synedrios o consejos administrativos de Palestina, prueba de la importancia que ya tenía, antes del nacimiento de Cristo, esta ciudad de Galilea, situada al N-O de Nazaret, donde la tradición ha situado la patria de Sta. Ana, madre de la Virgen. Durante la infancia y adolescencia de Jesús, a tan solo 5 km. de la casa de la Sagrada Familia estaba la residencia de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea del 4 a.C. al 39 d.C., pues había hecho de Séforis la capital de su tetrarquía tras la muerte de su padre Herodes el Grande, poco más o menos cuando la Sagrada Familia regresó de Egipto, hasta que en el año 19 decidió fundar una ciudad junto al Lago de Galilea, a la que puso el nombre de Tiberíades, en honor al emperador romano, y se trasladó a ella. Este Herodes Antipas fue la máxima autoridad de Galilea durante más de cuarenta años, por tanto durante toda la vida terrena de Jesús: el mismo que encarceló a Juan Bautista por los reproches públicos que éste le hacía a causa de haberse casado ilícitamente con su cuñada y sobrina Herodías y ordenaría su muerte poco después (Mt 14, 3-12); el que más tarde "al enterarse de la fama de Jesús dijo: - Ese es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos" (Mt 14,1-2), ¡Qué singular destino el de este Antipas, siempre cerca de Jesús sin llegar a conocerle nunca! "Algunos fariseos le dijeron [a Jesús]: -Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte. Y El les dijo: -Id a decir a ese zorro que yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones...porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén" (Lc 13, 31-33). Y en Jerusalén vería por fin Herodes a Jesús, cuando Pilatos se lo entregó, "porque deseaba presenciar algún prodigio que él hiciera". Como Jesús no secundaba sus deseos "después de despreciarle y burlarse de él, le puso un vestido blanco y lo remitió a Pilatos" (Lc 23, 8-12). Poco después, en el año 39, el emperador Calígula despojó a Herodes y a Herodías de sus bienes y los desterró a las Galias, a S. Bertrand de Comminges, en los Pirineos (a 60 km. de Lourdes), donde Herodías murió al año siguiente. Séforis era pues, desde antes del nacimiento de Cristo, la ciudad más importante de Galilea, a pesar de lo cual, su nombre no es citado nunca en la Biblia. El Talmud hace derivar su nombre, Zippori, del hebreo "pájaro", aunque no deja de llamar la atención que una sorprendente tradición musulmana sitúe la tumba de Séfora, la esposa de Moisés, en el vecino pueblo de Kafr Manda. Séforis tuvo siempre un gran peso en la tradición religiosa judía, y llegó a ser sede de numerosas escuelas rabínicas. En el año 180 d.C. se instaló aquí el Sanedrín procedente de la vecina Shefaram (considerado el pueblo natal de los zebedeos) y permaneció durante 17 años hasta que, a la muerte del compilador de la Mishná, Rabí Judá Ha-Nasi ("el Príncipe"), se trasladó a Tiberíades. Por esta fuerte tradición judía, había en Séforis varias sinagogas para uso de los diferentes grupos procedentes de otros tantos lugares. El Talmud de Jerusalén cita una sinagoga "que no tenía parangón", la sinagoga Gufna y la de los babilonios. Por este siglo II, seguramente en el empeño neo-romanizador de Adriano, que transformó Jerusalén en Aelia Capitolina, recibió Séforis el nombre de Diocesarea, que mantuvo durante siglos. Aunque no aparezca en los Evangelios era una ciudad conocida forzosamente por Jesús y sus discípulos, y hasta habría estado allí en muchas ocasiones, en los años de su vida oculta, estando tan cerca de Nazaret, y también durante su vida pública, situada como estaba en el centro de la gran vía de comunicación entre Ptolemaida/Acre y Tiberíades, es decir entre el mar Mediterráneo y el lago de Galilea, y casi a medio camino también entre Nazaret y la sierra del Atsmón, donde estaban situadas Caná de Galilea, tan querida a Jesús y a su Madre, y el pueblo de Kaukab, donde dice Julio Africano que tenía parientes Jesús. También podría tener parientes Jesús en Séforis si, como dice la tradición, aquí estaba la casa de sus abuelos. Por Séforis pasaría, por tanto, para ir a los confines de Tiro y Sidón y para ir de Nazaret a Caná. |
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Aunque desde la fundación de Tiberíades ya no era la capital de Galilea no por eso dejó de ser una ciudad importante. Séforis está asentada en lo alto de unas colinas, a 289 m. de altura, en un hermosísimo paraje a media altura entre la montaña de Nazaret (482 m.) al sur y los 150 m. sobre el nivel del mar de la majestuosa llanura de Netofa o Battof, la bíblica Yiphta-El que surge a sus pies, al N, y por la que ahora discurre el gran canal del Neguev, llevando el agua desde el lago de Galilea hasta el sediento desierto que se prolonga en el Sinaí. Siguiendo la línea En este bello entorno natural los romanos construyeron un teatro en el s. I d.C., que hoy se puede ver, rescatado por los arqueólogos, con un aforo de más de 4.500 espectadores. Cerca de él se conserva un palacio del siglo III, sobre el que más tarde se edificó un torreón, cuya silueta se ve desde todo el espacioso valle de Netofa, desde las alturas de Nazaret y desde Caná de Galilea, como para continuar resaltando en el presente la importancia que en el pasado tuvo este lugar. Entre los restos de este antiguo palacio romano hay un valiosísimo mosaico con temas dionisíacos y de deidades greco-romanas, conteniendo una famosa imagen de una mujer, que ha sido apodada, con toda justicia, la Monna Lisa de Galilea. Tan perfecta es esta imagen que obliga a pensar si la casualidad no habrá actuado algo en la colocación de las teselas, para alcanzar, con esos rústicos elementos, tanta delicadeza en la expresión y el rostro. Parece que un terremoto, en el año 363, obligó a abandonar el edificio. Posteriormente sería reutilizado por los cruzados y de nuevo vuelto a reedificar en 1725 por el pachá de Acre Dahir El-Amer. Del período bizantino es otro interesante y espléndido mosaico conocido como "El nacimiento del Nilo", dentro de otra gran construcción de más de 60 m. de largo. Este singular mosaico contiene escenas que se desarrollan a lo largo del Nilo, con animales salvajes, peces y pájaros en sus riberas, una muchedumbre que se dirige hacia Alejandría, señalada por dos grandes torres, y la columna del "nilómetro" que servía para medir las crecidas del río y calcular el volumen de las cosechas. En el año 351 se originó en Séforis una revuelta judía contra Galo César que ocasionó la destrucción de la ciudad, pero fue vuelta a reedificar en poco tiempo. S. Epifanio (315-403) dice que, después de la destrucción, el conde José de Tiberíades edificó en Séforis una basílica, además de las de Cafarnaúm, Nazaret y Tiberíades: dos en lugares eminentemente evangélicos y otras dos en las grandes poblaciones de Galilea. No nos consta si esta basílica pretendía conmemorar la patria de Sta. Ana. En 1931, una excavación de la Universidad de Michigan encontró, junto a la torre mencionada, un edificio que fue calificado, con cautela, como una posible basílica cristiana, distinta de la que edificaron los cruzados, cuyos notables restos pueden verse hoy. No es éste el primer testimonio cristiano de Séforis, pues sabemos, por las fuentes judías, que ya en el s. II un min, es decir un "hereje" o judeo-cristiano, llamado Jacobo de Kefr Sekania (Sakhnín) hacía proselitismo "en la calle principal y en el mercado". |
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El primer obispo de Diocesarea del que tenemos constancia es Marcelino, que intervino en el año 518 en un Concilio en Jerusalén, y del que precisamente se encontró una inscripción en Séforis en 1959 que dice que "En el tiempo de Flavio Teodoro se reconstruyó la basílica... bajo el cuidado del venerable Patriarca Marcelino". En el año 530, el peregrino Teodosio visitó Séforis en su recorrido de Acre a Nazaret, pero nada dice del lugar. Poco después, hacia el 570, el anónimo peregrino de Piacenza será el primero en dejar constancia de la veneración de un recuerdo evangélico en este lugar: "allí adoramos amulam et canistellum de Santa María" (es decir el barreño para lavar al recién nacido y el cesto de mimbre que hacía de cuna, como se ve constantemente en la iconografía del nacimiento de la Virgen). "En aquel mismo lugar permanecía la silla en la que estaba sentada cuando vino el ángel". No dice expresamente nada de la patria de los progenitores de la Virgen, pero se entiende que por este motivo veneraba aquel lugar, e incluso que allí nació María. También parece desprenderse del relato que sitúa la Anunciación en Séforis y no en Nazaret. La tal silla "donde estaba sentada María" ha sido puesta en relación con el apócrifo conocido como Protoevangelio de Santiago, que está en el origen de la tradición de la Anunciación en la Fuente de la Virgen de Nazaret (iglesia ortodoxa de S. Gabriel), pues según este apócrifo la Virgen María "tras regresar [de la fuente] asustada a su casa, tomó de nuevo la púrpura, se sentó en su escaño y se puso a tejerla" y entonces se le presentó de nuevo el ángel. Pero el apócrifo no dice que la Anunciación hubiera tenido lugar en Séforis y el peregrino piacentino dice haber visitado en Nazaret la "basílica que hay en la Casa de la Virgen" y la Sinagoga, omitiendo toda referencia a la Anunciación y a la Fuente, con lo que parece indicar que estaba en la firme creencia de que María permanecía en la casa de sus padres, en Séforis, cuando tuvo lugar la Anunciación. Arculfo (670) y S. Willibaldo (725) nada dicen de Séforis en los relatos de sus peregrinaciones, y no volvemos a tener un nuevo testimonio hasta la llegada de los cruzados. En 1130, un itinerario conocido como "De Situ Urbis Ierusalem" dice que "de Séforis era originaria la bienaventurada Ana, madre de la Madre de Cristo". Esta misma expresión viene repetida en otros itinerarios que son, en realidad, sendos plagios (Fretellus y Teodorico). El canónigo Juan de Wirzburg, en su Descriptio Terrae Sanctae del año 1165, añade al "De Situ Urbis Ierusalem" (del que copia muchas cosas) que "se dice que en Séforis nació la bienaventurada Virgen María, pero según dice S. Jerónimo en el prólogo del sermón sobre la natividad de Santa María, que escribió para Heliodoro, la Virgen nació en Nazaret, en el mismo lugar donde sucedió el angélico coloquio". Este sermón de S. Jerónimo no se tiene hoy por auténtico. En cualquier caso, al peregrino sajón le sorprende esta tradición de la que se hace eco. El Maestro Thetmarus (1217) se limita a decir que "de Séforis era oriunda Sta. Ana". Hacia 1231 se escribió el itinerario "Les pelegrinages por aler in Iherusalem" que describe en Nazaret la fuente de S. Gabriel y la gruta de la Anunciación, que tiene a "mano izquierda una capilla construida en lonor de Nostre Dame", pero omite toda descripción de Séforis. Después de 1250, el itinerario anónimo "Si quis voluerit ire ab Acon" dice que en Nazaret tuvo lugar la Anunciación y en Séforis nació la Virgen María. Ningún otro peregrino volverá ya a hacerse eco de esta tradición. Burchardo del Monte Sión (1283) dice, por su parte, que "de Séforis era Joaquín, padre de la Virgen María". Es la primera vez que se da esta noticia pero es demasiado tardía para darle algún crédito o valor como tradición. |
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Los cruzados edificaron en Séforis una espléndida basílica, según se desprende de los restos que se conservan: los muros laterales (41,25 m.) y toda la pared oriental (16,5 m.), con el presbiterio en el ábside central y dos estancias cuadrangulares a los lados, con otro ábside, del s. XII, que cierra por delante la estancia sur, a la derecha del presbiterio. Abside y habitación sur son estructuras verdaderamente extrañas. También llama la atención la roca viva que se ve en el presbiterio (carente de pavimento), muy semejante a la Roca de la Agonía en Getsemaní, como si quisiera mantener un recuerdo vivo: ¿la casa de Joaquín y Ana? Pero ya hemos visto que ningún peregrino describe la casa, ni nada digno de especial mención, fuera de la ingenua narración del peregrino de Piacenza. Tampoco los peregrinos de la Edad Media mencionarán nunca resto alguno de la casa, ni Marino Sanudo (1310), ni Jacobo de Verona (1335), ni Juan Poloner (1422) ni tampoco Anselmo Adorno (1470). Unicamente Nicolás de Poggibonsi (1348), dice que en la arruinada Séforis "se hizo una iglesia en el lugar donde nació Sta. Ana", pero sin mayor puntualización de haber visto algo de particular. Habrá que esperar a la monumental Elucidatio Terrae Sanctae de Francisco Quaresmio (1626), Custodio de Tierra Santa, para tener noticias más detalladas de Séforis: "en la antigüedad era una ciudad ilustre y noble... pero actualmente yace destruida y solitaria, y se ven muchas ruinas, por donde se aprecia qué magnífica ciudad fue en el pasado. Es célebre y digna de visitar porque se cree que fue la patria de Joaquín y Ana... y en el lugar donde estaba la casa de san Joaquín fue construida una ilustre iglesia con piedras sillares... tenía tres naves con tres capillas, actualmente adaptadas para casuchas de los moros." Esto indica que Quaresmio ya vio la iglesia destruida, tal y como la conocemos ahora. Estos restos de la iglesia cruzada fueron comprados por los franciscanos en 1841, aunque, como en Kafr Kanna, la tradicional intolerancia de los musulmanes impidió por mucho tiempo hacer efectiva la compra. En un principio se logró, al menos, acudir en peregrinación cada año por la fiesta de Sta. Ana, hasta que finalmente se pudo tomar posesión definitiva en 1870. El P. Viaud encontró en el pavimento de la nave septentrional, frente a la sala que limita con el presbiterio, un interesante mosaico con una inscripción hebrea, que Clermont-Ganneau transcribió como: "En buena memoria de Rabbí Judá, hijo de Tanhum... que donó este mosaico", coincidiendo en los términos y en el estilo con la inscripción de Kafr Kanna. Como se ve, pues, la única tradición constante a partir del s. VI es la de Séforis como patria de Sta. Ana y como vivienda de los progenitores de María, lo que explica que haya surgido también una tradición, menos constante, que la considera igualmente patria de la Virgen. Nunca hubo tradición de conservarse la propia casa. La Congregación de la Hijas de Sta. Ana estableció en Séforis en 1924, próximo a la iglesia de los cruzados, un dispensario muy frecuentado por la población musulmana del lugar, transformado ahora en un centro educativo para niños discapacitados. Es la única población que permanece desde antes de la guerra de 1948, pues todo el pueblo fue completamente arrasado. En su lugar crecen ahora pinos, y en las proximidades una nueva población, exclusivamente judía, Zippori o Tsipori. El último franciscano que custodiaba los restos de la iglesia, el P. José Montero, murió en un desgraciado accidente el 30 de Julio de 1973. Los grandes y abundantes restos arqueológicos conforman hoy el Parque Nacional de Séforis.
BIBLIOGRAFIA Y FUENTES:
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Created / Updated Friday, January 15, 1999 at 01:39:39 by John Abela ofm for the Maltese Province and the Custody of the Holy Land This page is best viewed with Netscape at 640x480x67Hz - Space by courtesy of Christus Rex |